domingo, 4 de noviembre de 2018

NO PODIAN EXISTIR LIMITACIONES HABIAN REALIZACIONES

OPINION, 8 noviembre 2018

Cada vez que leemos un artículo, libro, vemos una película, tenemos una vivencia, especulamos sobre la real personalidad de cada uno de nosotros. Esto no es nada nuevo. Nosotros en una forma u otra somos ejemplos de todos los que nos rodean. Si es en casa de nuestros padres, abuelos, tíos, primos, etc.

Toda esa influencia nos puede beneficiar o nos puede afectar en grado sumo. Y no es para menos, son todos ellos los que nos influenciaron con sus principios lo que nosotros debíamos ser, otra cosa lo que finalmente nosotros fuimos. Pequeña diferencia, pero que ha jugado un papel muy importante en el desarrollo de nuestras vidas.

Hoy vemos muchísimas personas con personalidades que parecieran niños y que obviamente nunca pudieron superarlas. Fue demasiada la influencia de sus mayores en sus vidas. Situación que hoy en día estamos transmitiendo a nuestros hijos y ellos a su vez a los suyos con variadas influencias, pero con el espíritu propio de nuestra descendencia.

Cuando regresamos a nuestros días podemos ver como tal influencia nos afectó o por el contrario nos facilitó nuestro lanzamiento a los diferentes destinos que nosotros creímos eran los más adecuados.

Viene a mi mente cuando casi niño desarrollé mi capacidad para dibujar. Era algo innato, bueno eso creía yo, pero aun no sabía que mi abuelo había sido pintor de obras de arte y que inclusive una de las pinturas del libertador Simón Bolivar descansaba en su tumba de San Pedro Alejandrino. ¡Wow! Esa habilidad que Dios había permitido que se hiciera realidad y que yo fuera, precisamente el heredero escogido.

Que tal mi habilidad para escribir, ahí estaba fija la influencia de mi tio Gregorio, fundador, junto con mi padre, Pedro, del periódico El Mundo. El diseño arquitectónico ahí se veía expresado en la capacidad de mis tíos Simón y Marcos, para crear soluciones funcionales para la Siderúrgica de Paz de Rio en Boyacá y bancos comerciales para sus agencias locales, en Bogotá, respectivamente.

No en vano a temprana edad tuve acceso al Departamento de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Estudios que me permitieron diseñar dos pisos en nuestra casa en Alamos o casa rural en Tocaima, solo para dar dos ejemplos. Pero que tal en este orden con el dibujo a lápiz de mi abuelita Matilde, que mi padre orgulloso enmarcara en la sala de nuestra casa allá en SanFernando.

Pero es que todo estaba relacionado uno con el otro y todos a la vez creaban un torrente de ideas que me encausaban a ser y demostrar que tenía madera para llegar más lejos. La docencia no fue un accidente, esto vino conmigo, algo así como a los 18 años me lance a enseñar mis primeros conocimientos de inglés. Obvio que yo no estaba preparado para tal empresa, no obstante sabía lo que a mis estudiantes enseñaba.

En las familias de mis padres se veía el deseo de independencia, a fuerza de su fe en ellos mismos. Tradición que llegaba a mí para buscar nuevos derroteros a temprana edad. El cómo, ya lo había trazado Dios, seria profesor del Centro Colombo Americano. ¿Pero cómo? Las bases que tenía me habían posicionado ante quienes me conocían como alguien con un futuro asegurado.

Recuerdo que era un tanto tímido. Poco a poco fuí ganando confianza en mí mismo y mi desarrollo profesional vino a concretarse al ingresar a una organización del sistema de las Naciones Unidas en mi querida patria. Esta dinámica a su vez creo una fuerza creativa especial. Recuerdo al jefe de la misión de la Naciones Unidas en Colombia quien me dijo: “tu próximo paso la universidad”.

¡Wow! Era cierto que yo tenía para aquel entonces bases y estudios que me permitieron presentarme y obtener la posición en administración pero otra cosa era la de prepararme para la universidad. Dicho y hecho, todo el impulso que en especial mi madre Aura y mi señora habían creado en mi hizo que en dos años obtuviera mi grado de bachiller y la opción para iniciar mi carrera profesional.

Pero es que la carrera profesional no lo era todo. Todos los profesionales de la organización contaban con maestrías en universidades de reconocido prestigio internacional. Ya casado y con cuatro hijos me gradué como administrador de empresas. Aun asi no era suficiente, la fe de mis padres y ahora la de mi señora e hijos hacían los desafíos mas impositivos.

La Universidad Central hizo posible ese deseo de lograr mi Maestría con énfasis en finanzas. ¿Sería eso lo último por hacer?  No. Dos años después logré, en la misma Universidad, obtener un postgrado en administración financiera. Casi al mismo tiempo los hijos se graduaban en Administración de empresas, Arquitectura, Diseño textil y veterinaria. ¿Misión cumplida? No, aún falta por cumplir nuestra misión en los Estados Unidos.

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